La última semana me fui al norte de Perú. No viajaba desde hace 2 años, así que estaba emocionada. Quería que todo saliese a la perfección. Conocí a buena parte de la familia de mi novio. Fue una experiencia algo extraña para mí. No sé, nunca había estado en esa situación. Todos me recibieron muy bien, los nervios se me fueron al instante. Creo que también fue extraño porque en esta vida es extraño el hecho mismo que te acojan de manera tan abierta, tan inclusiva. Le sigo repitiendo al novio que esto no es común, que aunque él esté habituado la mayoría de las veces las reacciones humanas (y familiares) son todo lo contrario. Que tiene mucha suerte.
Fui también a las playas. Me insolé, como era mi objetivo. Tenía una amiga que me decía, todas las demás quieren ser blancas y tu quieres ser negra. Quizá es verdad. Estoy súper tostada, tanto que aún me fastidia la espalda por el ardor, pero no me importa. Lo que me incomoda un poco es el frío intenso (para mí al menos) de Lima no me permite mostrar mi negrura. Es mi orgullo secreto.
Extraño la tranquilidad de la playa. Cómo me quemaba la arena los pies y se me metía hasta por las orejas. Extraño ver el atardecer enojada porque llegué tarde al sol. Me hace falta el abrazo matutino, la compañía permanente en desayuno, almuerzo y cena. El chasquido de las olas. Las risas de los otros viajeros. Extraño crear esos recuerdos bajo un cielo claro, intensamente celeste crayón.
De vuelta a la ciudad, estaba contenta por iniciar el semestre: logré tener los cursos que quería, inclusive uno en maestría, y voy a ir usándolos para mi proyecto de investigación que ya está tomando cuerpo. Es un proceso largo, el de la conceptualización. Es una palabra que entendí ayer. Mi idea debe moldearse en mi cabeza antes y luego salir al mundo. Algo así como dar a luz pero sin que la partera te grite y el riesgo de hemorragias desagradables, porque el dolor está ahí y es intelectual/sentimental.
Aún así, me quería quedar en el Norte. Ahora siento que estoy apartada, re acostumbrándome a mi cotidiano. Pero estoy solita. Hace frío. Tengo obligaciones y responsabilidades. Hace mucho frío. Me gusta mi vida tal como es aquí en la ciudad, pero a veces me gustaría tener una playa transparente y soleada al lado a la cual recurrir. El sol siempre me hace sonreír.
Traje cerámica. Regalitos eróticos. Comida de encargo. No tomé muchas fotos porque malogré la cámara aunque el novio diga lo contrario. No me defiendas, que yo sé que es mi culpa. Me llevo muchas imágenes impregnadas bajo mis párpados, y el deseo de revivir lo que sentí allá. Fue… algo así como un adelanto de lo que vendrá. De lo que planeo. Ya no estar solita. Ya no tener frío.
He estado haciendo cálculos y estresándome sola en mi cuarto por el fin de mes y las inscripciones que se vienen para agosto. Además de eso, no he hecho gran cosa aparte de tomar notas de libros y dejar de lado el de Coetzee. Lo intenté, pero me aburrió mucho. Más que la forma de escribir, el personaje principal me cayó mal.
También estuve pensando mucho en cierto tema, sobre todo después de leer este artículo. Es una opinión que apoyo, que comparto. No tener hijos. No lo veo como una necesidad o una forma de completar mi vida como mujer o como sea de lo dice mi mamá. Pero afirmar que es por salvar el planeta… hmm, me parece un poco tirado de los pelos. Y además, como dice Julie Z (quien administra uno de mis sitios favoritos en años) hay muchos niños ya existentes que seguirán siendo creados y que no tendrán quien los crie. La adopción es una posición tan válida como la concepción.
Lo que me atrapa es todo lo que despierta en las personas un tema como la no-maternidad. Y no porque no se pueda, sino porque no se quiere. Como si debemos tener algo obligatoriamente que nos fuerce a tener bebés. Existe la influencia de las hormonas para inducirnos a cierta conducta “maternal”, pero antes que nada tenemos libre albedrío y razonamiento lógico. Y si no deseamos tener hijos, o si no entra en lo que pensamos nos hará felices, entonces no habrá hormona ni instinto que nos fuerce a ello.
Personalmente, me sorprende cómo los demás y especialmente las mujeres ponen tiempos límites de cuándo querré hijos. Antes me decían, cuando crezcas. Ya tengo 24 y nada. Luego, cuando te enamores. Ahora ya estoy hasta comprometida y nada de cambiar. Asumo que la nueva excusa es cuando me case o cuando tenga 30.
Yo he sido bastante consistente en mi opinión personal como para defenderme del “pero tú qué sabes de ser madre, es la mayor emoción que una mujer puede tener” o del “lo dices porque aún no lo necesitas” o aún de “¿cómo puedes ser tan egoísta para no arle la oportunidad a tu hijo de nacer?”. He escuchado muchas estupideces, créeme. No sé aún cuál es la motivación de ciertas personas para emitir juicios sobre mi útero. No es propiedad pública, sabes.
Mi futuro, por el contrario, ya no depende solamente de mí. Ya no estoy sola. En mi familia, nunca sentí frustración por mi elección, y creo que es más que nada porque no soy hija única y no estoy cerrando las chances de dar nietos. En una pareja, ése no es el caso. Hay un proyecto de vida, expectativas ajenas que no quiero que sean frustradas. No pienso que sea justo.
Al final, los derechos reproductivos deben ser respetados. Es mi cuerpo. Mi útero. Mi decisión. La vida humana es una responsabilidad y un hecho tan crucial, tan mágico con el cual no se debería jugar porque se debe. Si no quiero perder mi autonomía, no lo haré. Si no quiero cambiar mi cuerpo por la gestación, no lo haré. Si no quiero dejar un legado carnal; no lo haré. Lo sabía Remedios, lo sé yo, lo saben muchas mujeres muy seguras de sí mismas.
Así que deja de insistir e insinuar que soy menos mujer. Aunque nunca leas esto, lo oirás. Soy mucho más mujer que tú.
A veces una se queda sin palabras. Es algo que normalmente no me ocurre, porque siempre encuentro algo que decir. Podría hablar durante horas. Pero esta vez me quedé muda.
Un par de cosas antes de continuar:
- Mi hermana se va a graduar y se va de la casa. Tiene 3 años menos que yo.
- Estoy comprometida. Mi novio y yo estamos decorando y acomodando un departamento juntos.
- Decidí en qué trabajaría durante los siguientes dos años.
Durante las últimas semanas he estado muy ocupada, en medio de trabajos y exámenes. Ahora que terminó el semestre, estoy más relajada y más concentrada en las consecuencias que traen los puntos de arriba. En cómo balancearé mis prioridades con los proyectos a medio tiempo. En cómo cumpliré lo que me había propuesto antes que ocurriera, bueno, todo esto.
Para mi sorpresa, la fase de aturdimiento ha sido reemplazada por una especie de goce prolongada y sutil, algo sí como si estuviera en un viaje de ácido feliz pero no fuera un alucinación sino la realidad.
Me ha costado, me hicieron notar no hace tanto tiempo que descuidé a otras personas por estar en este torbellino de sensaciones, yo sola noté que no puedo controlar que cada esfera choque: mi vida de pareja, mis estudios, mi familia, mis amigos… Y que debo pensar ahora que mi futuro involucra a otras personas. Ya no soy yo solita yendo de un lugar a otro, ahora hay alguien a mi lado.
Con el cual saltaré de lugar a lugar, así que olvídate de la estabilidad. Recuerda, siempre tendremos Iquitos. Y Manila. Y Bahía. Y México DF. Etcétera.
Otra cosa que me ocurrió y sobre la cual no he hablado mucho es que, bueno, en todo este proceso estoy aceptando que no puedo hacer todo y que la realidad me forzará a escoger. Ya lo está haciendo. Esto me pone muy nerviosa, porque no quiero dejar nada de lado. Quiero seguir escribiendo. Quiero estudiar actuación. Quiero experimentar con música. Quiero expresarme pero ahora cuestiones como tiempo, dinero, carrera me están poniendo en una encrucijada.
Además, hay cosas de mi pasado que estoy revisando. Creo que en mi caso, con antecedentes de haber sido, hmm cómo se dice de manera políticamente correcta… subestimada repetidamente no noté que eso estaba tan anclado dentro mío. Pensé que todos esos episodios había sido una persona fuerte y que lo había superado, pero no. La única manera de superarlo, para mí, es construir algo auténtico. Lo contrario de lo que fue, de lo que me dejaron. Crecí con la idea que no podría vivir junto a alguien, compartirlo todo. Pensé que mi pasado me condenaba. Ahora veo que es al revés, que me ha dado más fuerza para hacer lo que deseo.
Luego de releer lo que acabo de escribir, me parece extraño que suene así. No sé, tan serio. Porque ha sido dramático, pero he tratado de mantener una actitud positiva a lo largo de todo. Además, solamente han ocurrido cosas buenas. Estoy muy feliz por mi hermana. Estoy muy feliz por estar de novia. Estoy muy feliz por mi carrera.
A veces estas cuestiones despiertan aspectos no tan profundos, como si debo usar anillo o no, si puedo irme de vacaciones a los lugares donde quiero hacer trabajo de campo para hacer “observación participante”, si puedo comprar las cortinas de la sala rojas o amarillas… Me estoy tomando esta semana como unas mini-vacaciones de absolutamente todo, y descansar. Como dijo una amiga, necesito un tiempo de ruptura. Creo que el momento llegó. Es el inicio de todo el resto de mi vida. Sonó muy a quinceañera, pero así me siento. Como una púber emocionada.
La cifra suena, por alguna razón, ideal. Para lo que se viene, quiero decir. Mira, yo soy una persona que necesita pensar mucho sobre lo que ha hecho. Reflexionar, y revisar, y revisar un poco más. Pero ahora estoy proyectándome. Dejando el pasado pues, en el pasado. Y comienzo una nueva etapa, totalmente fresca.
24. No había pensado en nada específico sobre cómo pasar ese día. Tendré clases así que nada de embriagarme… por completo. Quizá una cena con amigos. Un encuentro romántico con mi pareja. Una buena conversa con mi familia. Pero igual, es como si… necesitara algo ritual, algo simbólico para recomenzar.
El año pasado tuvo sus altas y bajas. De manera global, estuvo bien. Ahora mi meta es ser consistente con mis proyectos. No dejarlos de lado. No desanimarme. Que no me dé flojera. Esto me ocurre más de lo que quisiera y ya no puedo tener más excusas. Así que mañana, persona que me lees, comienzo el día redactando y terminando cuentos.
Y en honor a esta decisión, mañana en la noche regresaré a casa y como niña buena estudiaré para mi examen. Seré responsable. 24. Cifra adulta. Cifra de, bueno, de que ya es hora de salir de casa y de cumplir.
Hace poco llegó una amiga con la que estudié a trabajar en Lima. Hablando con ella, me di cuenta de lo importante que era para ella su llegada. Era comenzar de nuevo, pero esta vez ya no como estudiante, sino como profesional. Ingresar a la vida adulta. Asumir la vida individualmente. Sola. No en el sentido de no tener a nadie, sino de no recurrir a nadie más que a ella.
Envidio esa posición.
Quiero mi propio apartamento, quiero mi trabajo, mi cheque. Quiero vivir por mi cuenta. Tengo aún unos 2 años antes de eso. Estoy ansiosa. Quizá ésa es la razón por la cual me disperso. Me frustra pensar que aquella realidad está tan lejana de mí. Es una consecuencia de las decisiones que tomé, volver a estudiar y mudarme. Las asumo. No me arrepiento.
Pero cómo quiero ir yo al mercado, ordenar mi sala como me dé la gana, poner la tele al volumen que me dé la gana…
Esta resolución es para acercarme a este objetivo. Ser independiente. Vivir sola. Bueno, no tan sola. Pero por mi cuenta. Eso quiero. Ése es mi deseo para mi cumple.
Ah, eso y viajar a algún lugar con sol, que me congelo…
Se siente como si fueran años que han pasado desde que estoy frente a esta página, justamente a ésta, la de publicar entrada. En el último mes, quizás más, no he logrado entrar a Internet por más de media hora cada vez. A veces entro dejando cuatro, cinco días y sólo para ver mi correo.
Está de más decir que casi nunca entro a la coctelera. Lo que me da mucha pena, porque me gusta leer posts de otras personas, me gusta curiosear y muuuuuy de vez en cuando opinar. Me gusta escribir aquí. Pero desgraciadamente, me gana la vida. Mi vida extremadamente agitada desde inicios de marzo.
Mis dos investigaciones van viento en popa. He descubierto campos para desarrollarme en lo profesional, quizá luego de graduarme, quizá antes. Estoy participando en el TAV y en la revista Anthropia. Ayer fue mi primera reunión. Estoy emocionada. También sigo escribiendo, no con la profusión que esperaba, pero escribo. Casi he terminado la obra de teatro, la primera. Ya estoy en la segunda y en el embrión de la tercera. Mis clases me agotan, muchas lecturas y sobre todo un curso que me interesa en demasía. Tengo que hace un trabajo de campo, estaré viajando desde esta semana. La próxima semana se viene la iniciación de los cachimbos de mi facultad, en la cual seré una de las torturadoras, ejem, organizadoras. He salido poco, pero lo he hecho como se debe. Estuve dos veces enferma, y me recuperé.
Estoy un poco cansada.
Me encanta mi vida, ahora, tal como es. Todo marcha bien. Siento que las ideas de antes ya se tornan realidad ante mis ojos. Las puedo sentir, oler, mordisquear. Ya no me siento atrapada por el será que esto es ridículo y nadie me lo dice, o por el peso del pasado. Las relaciones familiares han llegado a un bienestar exponencial, y sobre esto no hablo a nadie porque no hay nada que contar. Tengo amigos en quien confío, tengo a alguien a quien decir te quiero. Soy, con miedo a decirlo pues quizá se acaba, feliz.
Pero falta algo.
Siempre falta algo, ¿no?
A veces, en medio de tantas actividades, de tantos encuentros, me quedo solita yendo de un lado al otro. O esperando una reunión. No sé, a veces me pongo a pensar conmigo misma. Y me pregunto si no hay nada más que hacer. Si me estoy perdiendo algo. A veces me da la impresión que esta quieta armonía es tan frágil. Es tan… fácil de quebrar. Me da miedo. Y más miedo me da contentarme con lo que tengo, olvidarme que otros no pueden, no osan tenerlo. Creo que me siento culpable, en ciertas ocasiones, de reír todo el tiempo cuando a mi alrededor el panorama humano no da para siquiera una sonrisita.
Intentaré escribir más aquí. No lo aseguro, pero es mi intención. Sino, bueno, les dejo un video trucho que da título al post. Me he despertado a las 3am y la tenía en la cabeza, por algo será. Por algo será.
Es insólito saber que todo está yendo como lo planeaste, que te gusta vivir así. Pero que te falta la persona q te ayudó, la que comprende cuán importante es cada paso, cuanto costó levantarse cada día. Y tú eres la única que sabe.
Las dos hemos compartido mucho, M. Hemos sufrido, hemos reído, hemos actuado como tontas. Tenemos una complicidad que no he encontrado en nadie más. Estoy convencida, M, que tú eres mi alma gemela.
No pienses que ésta es una declaración de amor. Por lo menos, no de amor romántico. Muy pocas veces, encuentras a personas que simplemente te complementan. Es algo en su interior. Algo se consuma cuando está al lado tuyo. Es como si brotara magia de tus poros y de los suyos. Es muy raro. Es aún más raro hallar a alguien que sabe cómo piensas sin siquiera hablar contigo. Y es recíproco. Esa conexión la tengo contigo.
Por eso me pone triste saber que no estás a mi lado. Que no puedes ver lo que estoy consiguiendo, poco a poco. Que no puedo contarte cada vez que alcanzo algo que antes era parte de nuestras conversaciones de medianoche. Eran fantasías. Deseos. Ahora son realidad. Y tú no lo puedes ver.
Me senté hoy de noche en la computadora, y quise escuchar la canción. Sabes, con la cual nos identificábamos y cuando estábamos un poco ebrias la cantábamos a voz pelada. Luego, durante el coro, salían las lágrimas. Si solamente supieran, me decías. Vivimos cada día como si fuera el último, porque venimos de lejos.
De muy lejos, pensaba yo. De tan lejos que reímos mientras otros se lamentan. El aire realmente se pone más pesado si se vive nada más de promesas.
Me haces falta. Pronto te contaré mis cosas, mis líos. En persona. Yo lo sé. Por ahora, disfrutamos a los a nuestro ritmo el tiempo bello. Le beau temps. El presente tuyo y mío.
¿Por qué las cosas más difíciles son las que menores palabras necesitan para explicarse? Tuve una recaída. Ajá, sobre eso. Fue hace un par de semanas. Desde ese momento ha estado luchando secretamente por no entrar en el círculo de antes. Ya sabes, maltratarme. Maltratar a otros.
A veces me he puesto muy ansiosa y no sabía qué hacer. Mi instinto me decía que me fuera a caminar, que escribiese. Pero lo que terminaba haciendo era sentarme en la sala y esperar. Esperar a la calma dulce después de un ataque. Y esa espera se hacía interminable.
No me urgía contarlo. Creo que, dentro de todo, es lo mejor para mí. Verlo escrito. Es una manera de asumir lo que a veces me ocurre. De cierta manera, así puedo registrar la evolución de este asunto tan espinoso. Me ayuda.
Esta semana he escrito un poco. Más bien, he analizado lo que ya tenía y tengo anotados los puntos a corregir. En la obra de teatro también. Es más simple, es decir, ya saber puntualmente qué me falta y en qué debo trabajar. Ya no voy a tientas. Es una alegoría de mi relación con, bueno, ni siquiera quiero decirlo. Ahora sé cuando soy frágil, y cómo trabajarlo.
Con el tiempo, quizá sea más fácil. Aunque no sea el caso, debo probarme que puedo resistir. Que yo lo domino, eso no me domina a mí.
Llegué tarde a la celebración. Ni siquiera sabía que habría una celebración: cuando abrí la puerta ya se habían marchado los mariachis que dieron serenata, el alcohol ya corría y la mesa del comedor estaba llena de bocaditos, floreros rebosantes y cajetillas vacías.
Tomé un poco, hablé con la gente, y a la medianoche me fui a dormir. Estaba cansadísima. Hoy me desperté temprano para terminar de leer los libros que saqué de la universidad y debo devolver mañana. Luego, me di cuenta que no le había regalado nada a mi hermana. Ni un mísero chocolate.
Regresando a los anteriores cumpleaños de mi familia y amigos, pensaba “¿y yo cuándo he regalado algo a estas personas?”. Es muy raro. Casi nunca lo hago. Si lo hago, es porque es una ocasión muy especial o el regalo en sí posee un significado especial. Pero debería hacerlo más seguido, ¿verdad? Es decir, es mi hermana. Y no recuerdo haberle regalado algo.
Claro, pensarás que lo importante no es lo material sino los sentimientos. Nah, tonterías. Lo material muchas veces sirve de demostración de afecto, y seamos sinceros, a todo mundo le gusta recibir un regalito. Te pone contento. Alguien pensó en mí. Es bonito, pues.
Entonces, estuve pensando en cómo redimirme. ¿Qué regalar? Algo que le haga falta. No, algo que ella quiera. ¿Pero qué cosa quiere? Ojalá no sea muy caro… ¿O si es mejor algo que le haga pensar en mi? ¿O acaso el regalo es para mi o para ella? Es muy confuso. Terminé preguntándole qué quería, y se lo voy a comprar mañana.
Hermanita, te quiero con o sin regalos. No te podré traer serenatas, ni comprarte la guitarra original de Guitar Hero, y menos tengo acceso a la colección de pijamas de Victoria’s Secret, pero te daré algo de corazón. Que lo aproveches.
Hola. Mi nombre es Andrea. La gente dice que estoy perturbada. Yo digo, pero por qué complicarse el dia? Vivi en muchos lugares, estuve de pasada por muchos mas, y espero arreglarmelas para seguir merodeando por todo el mundo hasta el fin de mis dias.
Escribi un libro. He escrito mil más en mi cabeza. Estudio Antropologia, canto, compongo, actuo, fumo de vez en cuando y aun no logro subirme a una bicicleta. Me gusta la marea, las fotos, una buena conversacion, el café, el aroma del algodon, el vértigo, rehuirme en el cine y sobre todo, hacer lo que me plazca.
Por cuestion de descargar mi alma contra un papel en blanco (aunque sea virtual) y también por algo de ego, escribo cada idea u obsesion que me cruzan.
Botoncitos
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Lo que leo (o intento leer)
Etnografías sobre la industria cosmética y revistas feministas. Y un poco de Anais Nïn para condimentar los días.
Lo que escucho
Por siempre jamás, aunque también me fascina la voz y la actitud de:
If I were a Dead Russian Composer, I would be Pyotr Chaikovsky.
I AM the Real Chaikovsky! Considered by most Westerners to be the greatest Russian composer of all, most late 19th Century Russians think I'm actually too Westernized in my musical tendencies. Despite this criticism, as well as the flak I had to take for my preference of Y-chromosomes, my ballets "The Nutcracker" and "Swan Lake" are upheld as among the greatest and most popular pieces of all time.