Últimamente me veo en un dilema. Tengo muchos proyectos, y creo que puedo hacer bastantes cosas en los próximos meses que me permitan terminarlos o adelantarlos. Sólo que todo este tiempo he estado obviando un pequeño factor.
Dinero.
Ay el dinero. Me falta. Mucho. Tengo que priorizar en mis gastos pero no ayuda que el capital con el que cuento es, bueno, ínfimo. Esto tiene que ver con el haber decidido concentrarme en mis estudios y no trabajar. Lo que me hace dependiente económicamente. Lo que odio por completo.
Así que esta semana tengo que decidir. Antes que nada, me ocuparé de unos ciertos gastos médicos. Luego, del viaje que tengo planeado desde no sé cuantos meses. Después veré cómo me las arreglo para ir a los conciertos que quiero. Me he vuelto algo adicta a esto de la música en vivo, de correr hacia el cantante y gritar hasta que tus pulmones no den más y pienses que ahora sí te mueres de pulmonía. Pero tanta gente viene… y yo tengo tan poquito sencillo…
Además, me acabo de enterar que los cursos en cierto instituto donde supuestamente empezaría aulas el próximo mes han subido sus precios. No es nada bueno. Considerando que en mi universidad este año subieron el costo de los créditos y este semestre llevaré más que en los anteriores. Hay la posibilidad de seguir un taller de teatro, que involucra un montaje y eso no me lo quiero perder. Ay, quiero mucho.
Me angustia esta falta de dinero. ¿No te pasa que piensas tanto en qué vas a hacer después que te olvidas del presente? Eso me pasa a mí. Todo el maldito tiempo. Es una gran problemática dentro de mi reciente compromiso, porque he entendido que a veces las personas no comparten esta preocupación. Al menos no de forma tan neurótica como la mía. Me gusta el balance, a pesar de que aún sea difícil para mí.
En fin, esta semana que viene debo ocuparme en recibos y matrículas. Espero no quedar tan sobrecargada y absolutamente misia como parece. Ojalá.
¿Y qué es lo que me encuentro al abrir la ventana de internet?
No me importa que sea Tim Burton, no voy a ver esa peli, no quiero hundirme en mi butaca como la última vez, noooooo
Bueno, ya que he saldado ese tema, pasemos a otro tipo de gritos. Por ejemplo, el permanente grito de desesperación que se repite en mi cabeza una y otra vez porque, persona que me lees, estoy en la última semana de clases y tengo trabajos que presentar, uno el jueves. Tengo fichas de lectura que redactar, estudiar etnografías, escribir adelantos de trabajos de investigación, hacer murales para un evento, terminar mi segunda obra de teatro, quizá dormir, y lavar la vajilla porque justo ahora despedimos a la empleada.
Ja. Ja. Ja.
Imagina, por favor, el grito en mi cabeza. Es algo así como cuando Bjork grita por las puras en los conciertos en vivo. No, no pondré el video porque aunque lo encontré ahorita me asusta un toque.
Más me gustan los gritos que doy. Ayer y hoy (lunes) no he salido de mi casa. Las razones ya las enumeré. Y como me quedo solita, me permito alucinar que estoy en una rave y suelto un “when love takes ovaaaaaahhh”
No es lindo, persona que me lees, no es lindo. No he dormido bien, ok? No me pidas coherencia a estas alturas del partido.
Debo ir a imprimir 1763 páginas e imágenes para mi mural, y luego avanzar con las fichas de lectura. No me desees suerte, invítame un café. Porfa.
Se siente como si fueran años que han pasado desde que estoy frente a esta página, justamente a ésta, la de publicar entrada. En el último mes, quizás más, no he logrado entrar a Internet por más de media hora cada vez. A veces entro dejando cuatro, cinco días y sólo para ver mi correo.
Está de más decir que casi nunca entro a la coctelera. Lo que me da mucha pena, porque me gusta leer posts de otras personas, me gusta curiosear y muuuuuy de vez en cuando opinar. Me gusta escribir aquí. Pero desgraciadamente, me gana la vida. Mi vida extremadamente agitada desde inicios de marzo.
Mis dos investigaciones van viento en popa. He descubierto campos para desarrollarme en lo profesional, quizá luego de graduarme, quizá antes. Estoy participando en el TAV y en la revista Anthropia. Ayer fue mi primera reunión. Estoy emocionada. También sigo escribiendo, no con la profusión que esperaba, pero escribo. Casi he terminado la obra de teatro, la primera. Ya estoy en la segunda y en el embrión de la tercera. Mis clases me agotan, muchas lecturas y sobre todo un curso que me interesa en demasía. Tengo que hace un trabajo de campo, estaré viajando desde esta semana. La próxima semana se viene la iniciación de los cachimbos de mi facultad, en la cual seré una de las torturadoras, ejem, organizadoras. He salido poco, pero lo he hecho como se debe. Estuve dos veces enferma, y me recuperé.
Estoy un poco cansada.
Me encanta mi vida, ahora, tal como es. Todo marcha bien. Siento que las ideas de antes ya se tornan realidad ante mis ojos. Las puedo sentir, oler, mordisquear. Ya no me siento atrapada por el será que esto es ridículo y nadie me lo dice, o por el peso del pasado. Las relaciones familiares han llegado a un bienestar exponencial, y sobre esto no hablo a nadie porque no hay nada que contar. Tengo amigos en quien confío, tengo a alguien a quien decir te quiero. Soy, con miedo a decirlo pues quizá se acaba, feliz.
Pero falta algo.
Siempre falta algo, ¿no?
A veces, en medio de tantas actividades, de tantos encuentros, me quedo solita yendo de un lado al otro. O esperando una reunión. No sé, a veces me pongo a pensar conmigo misma. Y me pregunto si no hay nada más que hacer. Si me estoy perdiendo algo. A veces me da la impresión que esta quieta armonía es tan frágil. Es tan… fácil de quebrar. Me da miedo. Y más miedo me da contentarme con lo que tengo, olvidarme que otros no pueden, no osan tenerlo. Creo que me siento culpable, en ciertas ocasiones, de reír todo el tiempo cuando a mi alrededor el panorama humano no da para siquiera una sonrisita.
Intentaré escribir más aquí. No lo aseguro, pero es mi intención. Sino, bueno, les dejo un video trucho que da título al post. Me he despertado a las 3am y la tenía en la cabeza, por algo será. Por algo será.
¿Por qué las cosas más difíciles son las que menores palabras necesitan para explicarse? Tuve una recaída. Ajá, sobre eso. Fue hace un par de semanas. Desde ese momento ha estado luchando secretamente por no entrar en el círculo de antes. Ya sabes, maltratarme. Maltratar a otros.
A veces me he puesto muy ansiosa y no sabía qué hacer. Mi instinto me decía que me fuera a caminar, que escribiese. Pero lo que terminaba haciendo era sentarme en la sala y esperar. Esperar a la calma dulce después de un ataque. Y esa espera se hacía interminable.
No me urgía contarlo. Creo que, dentro de todo, es lo mejor para mí. Verlo escrito. Es una manera de asumir lo que a veces me ocurre. De cierta manera, así puedo registrar la evolución de este asunto tan espinoso. Me ayuda.
Esta semana he escrito un poco. Más bien, he analizado lo que ya tenía y tengo anotados los puntos a corregir. En la obra de teatro también. Es más simple, es decir, ya saber puntualmente qué me falta y en qué debo trabajar. Ya no voy a tientas. Es una alegoría de mi relación con, bueno, ni siquiera quiero decirlo. Ahora sé cuando soy frágil, y cómo trabajarlo.
Con el tiempo, quizá sea más fácil. Aunque no sea el caso, debo probarme que puedo resistir. Que yo lo domino, eso no me domina a mí.
A veces, cuando escribes algo, lo que sea, llegas a un punto del cual no puedes salir. No puedes ni avanzar ni retroceder. Punto muerto. Una vez me ocurrió en medio de un examen final y casi lloro. Es extremadamente desesperante, porque sabes que la redacción puede continuar pero no tienes idea cómo. Es como si tu idea principal se hubiera evaporado de tus sesos.
Algo así me ha pasado con la obra de teatro. Ok, he tenido mis exámenes y demás trabajos que me mantuvieron con la mente en otros lugares. También han pasado un par de cosas en casa que escaparon totalmente de mi control y debí ocuparme de ellas. Pero ahora, al leer lo que he avanzado, me da una cólera inmensa ver el punto muerto justo frente a mi.
Quiero terminar la obra.
Quiero seleccionar todo y darle delete.
Quiero modificar el diálogo.
Quiero dejar de pensar en esta obra.
Ya está llegando al punto en el cual me atormenta. Sabes, me altera un poco pues es en estos momentos cuando te olvidas de por qué estabas escribiendo esa historia en particular en primer lugar. Siento que pierdo el tiempo, y yo ODIO perder el tiempo.
Más vale que salga de este punto de una buena vez, porque estoy al borde de mandarlo todo a la mierda y empezar de nuevo. Quizá eso sea lo necesario. No lo sé. En fin...
Estoy sorprendentemente no cansada. El viernes comencé mi medicacion y, aunque me ha alterado por completo el sistema nervioso y mis manos tiemblan tanto que debo teclear cinco veces la misma palabra para que tenga coherencia, ma ha calmado la bronquitis. Lo que me asusta, debo admitir, es el corazon. Se acelera y no sé, en esos momentos me entra un susto terrible.
Hasta ahora he tenido suerte, porque nunca he sido muy enfermiza. Los daños en mi salud, la mayoria de las veces, me los he provocado por descuido o por estar arriesgandome, viviendo la vida y no dejar que la vida me viva. Me entiendes, no? En fin, es recién en los ultimos meses que reconozco las fallas en mi cuerpo. Mi corazon. Mi faringe. Mi traquea. Mis nervios. Mis riñones.
Digamos que ahora tengo conciencia de mi mortalidad.
Odio sentir la taquicardia venir. Podria ser peor, supongo. Pero todos los ahogos, mareos y demas me han inspirado muchisimo. Quiza sera porque ahora mismo estoy mas vulnerable, mas capaz de absorber las emociones mias y de los demas, y retenerlas en mi cabeza hasta que maduren y pueda volcarlas al papel. Ah, ahora uso mas papel que la compu, pues sigue fallando. Espero no me falle completamente.
Tengo mil cosas pendientes, asi que me quito a escuchar a Maria Rita cantandome que una unica noche no es nada, mi bien; y pensaré en cosas lindas y tropicales. Dios, tengo tanta suerte.
Ayer fui a ver la obra de teatro de Cuatrotablas, Arguedas. Estuve pensando en como todos los involucrados con el proyecto se arriesgan a presentar una obra tan compleja, con referentes que pueden ser tan ajenos (al menos lo fueron para mi). Ver a personas viviendo por su arte, es motivante. Te refresca el alma.
He estado ignorando mis notas y libros, porque me he prometido hacer todas mis tareas después del ensayo de teatro que tengo en un par de horas. También me he prometido cuidarme un poco, porque tengo el presentimiento de que me enfermaré pronto, y no puedo. Ahora no, que faltan 7 dias.
He estado pensando mucho en si dejaré algun legado. Qué pasaria si de repente desaparezco. Quién me extrañaria. Si habria hecho algo relevante. Si afecté a alguien, sabes? Creo que... creo que si. Aunque no sé si fue para bien.
En fin, seguiré pensando en la combi, mientras pienso en esta cancion:
Hoy vi Persépolis. Lloré. Tomé dos cervezas. Lloré.
Ayer fue una noche de mierda. Me costo cuatro buses, ocho avenidas enormes y llenas de trafico, y veinte minutos de caminata cojeando para llegar a casa. Llego y no sé, me deprimí de repente. Hablé con un amigo y no pude continuar, era como si hubieran abierto una puerta en mi interior y estuviera dispuesta a botar mis entrañas.
La película me ayudo a entender. Durante los últimos meses, he sentido que he estado encontrándome con algunos momentos dificiles de mi pasado... fue una manera de limpiar antiguas manchas, resolví antiguas discusiones. Me he ido reconciliando con una ciudad que me traía recuerdos no gratos.
Pero ahora me preguntaron si me quería quedar, e inmediatamente respondí no.
No puedo cimentarme aquí. Es como si la dinámica de este lugar no encajara conmigo. Hay cosas que me chocan demasiado... por ejemplo, la constante paranoia de llegar a un lugar desconocido o "peligroso", y que les roben / miren feo / insulten / etc. O el lamento eterno de muchos limeños con cada mínimo aspecto, que claro luego terminan apreciando: el clima es así, el ruido por acá,... siempre terminan implicando que "en el exterior" debe ser mejor, porque en nuestra tierra nada es bueno y admiten a medias ser simplemente acomplejados.
También me molesta el deseo aparente de separar a las personas por categorías. La repartición espacial, sobre todo, es espeluznante... las zonas "emergentes" habitadas por generaciones recientes de migrantes no se cruzan con aquellas partes donde están las personas de situación muy privilegiada, o con las zonas muy precarias. Odio las rejas. Odio los insultos racistas cada día. Es como si todo el mundo deseara construir su propia burbuja.
Bueno, no todo el mundo.
Me entusiasma el espíritu positivo que se viva ahora. Antes, no había forma de que alguien pensara vivir bien aquí. Ahora, hay esperanza, un aroma de cambio. Una nueva etapa viene, y Lima esta repleta de nuevos habitantes, de nuevas actitudes.
Aun así, algo me descuadra. Falta la ultima pieza al rompecabezas. Hay algo que me hace sentir increíblemente ansiosa aquí. Porque desde que tengo uso de razón, supe que mis mayores chances de ser fiel a mi misma y seguir mi rumbo están en otro lugar. Y eso me rompe el corazón, pues no quiero dejar atrás a mi familia y a los amigos que empiezo a querer. Pero ése es el rumbo. Como dice Marianne Satrapi al final de Persépolis, la libertad siempre viene con un costo.
Hola. Mi nombre es Andrea. La gente dice que estoy perturbada. Yo digo, pero por qué complicarse el dia? Vivi en muchos lugares, estuve de pasada por muchos mas, y espero arreglarmelas para seguir merodeando por todo el mundo hasta el fin de mis dias.
Escribi un libro. He escrito mil más en mi cabeza. Estudio Antropologia, canto, compongo, actuo, fumo de vez en cuando y aun no logro subirme a una bicicleta. Me gusta la marea, las fotos, una buena conversacion, el café, el aroma del algodon, el vértigo, rehuirme en el cine y sobre todo, hacer lo que me plazca.
Por cuestion de descargar mi alma contra un papel en blanco (aunque sea virtual) y también por algo de ego, escribo cada idea u obsesion que me cruzan.
Botoncitos
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Lo que leo (o intento leer)
Etnografías sobre la industria cosmética y revistas feministas. Y un poco de Anais Nïn para condimentar los días.
Lo que escucho
Por siempre jamás, aunque también me fascina la voz y la actitud de:
If I were a Dead Russian Composer, I would be Pyotr Chaikovsky.
I AM the Real Chaikovsky! Considered by most Westerners to be the greatest Russian composer of all, most late 19th Century Russians think I'm actually too Westernized in my musical tendencies. Despite this criticism, as well as the flak I had to take for my preference of Y-chromosomes, my ballets "The Nutcracker" and "Swan Lake" are upheld as among the greatest and most popular pieces of all time.