Noche de platica
El dia que llegué a Poitiers, tenia tantas cosas que cumplir que se me olvido lo importante que era, para mi estado de animo, regresar a ese lugar.
Se me olvido que volveria a los lugares donde creci, donde me hicieron dano, donde ocurrieron cosas que prefiero olvidar.
Al salir de la estacion de tren, me senti en otra dimension. Y al caminar por cada rincon, me pesaba continuar. Queria irme. Pronto.
Por mera casualidad, me cruzé con una antigua amiga y su madre. Llegaba tarde a una cita, asi que quedamos en vernos mas tarde.
Unas horas después, nos reunimos y comenzamos a hablar del pasado, de nuestros cursos, de las vacaciones. Ella me conto sobre su estadia en Latinoamerica, y que ahora esta feliz de comenzar a estudiar lo que le gusta. Aunque le haya dolido el dejar otras ciertas maravillas.
Al llegar a su casa, conversamos con su mama sobre la actualidad, la politica, la migracion, el sentirse extranjero - que no es lo mismo que sentirse extranho.
Y comencé a darme cuenta, a través de lo que les contaba, que realmente no queria pasar mas tiempo de lo necesario en Francia. O en Europa. Que debia regresar a mi tierra, por la unica razon que es alla a donde pertenezco. Donde me siento yo.
No es algo que todo el mundo comparta o deba compartir. Creo que, en mi caso, hay una gran parte de mi vida que gira alrededor de mi lugar de origen. Mi vocacion, mi mentalidad, esta muy ligada a ella. Hay personas que pueden vivir tanquilamente en otro ambiente, siempre y cuando tengan a sus amigos al lado, o a su familia, o las mismas comodidades. Yo no puedo.
Escuchar a mi amiga y a su madre, quien tiene tanta sabiduria que brindar - y tuve la suerte de escucharla - me colocaron los puntos en perspectiva. Los anhos a seguir dejaron de ser una mancha en mi cabeza para tener limites definidos. Asi que infinitamente agradecida, Laura y Elsa. Me cambiaron la vida.









