Recuerdo fresco (Léon)
Por alguna extraña razón, nunca escribí sobre ello. Cada vez que veo algo que me lo recuerde me digo: “Escribiré sobre ello la próxima semana, diré lo mucho que me cautivó…” Y luego lo dejo.
Esta última vez fue diferente. Leí una entrevista al protagonista, y estaba sola en el parque. Mirando la gente pasar, tuve el tiempo suficiente para reflexionar, digerir y redactar este post.
Tenía unos 11 años. Vivía un infierno, en el cual prefiero no entrar en detalles. Intentaba todo por aislarme, por respirar. Meterme en mundos ajenos en los que no debiera preocuparme por nada.
Y de repente, un día, me siento frente al televisor y lo veo:

Y me apavoro. Me asusta la idea de identificarme demasiado con la historia. Para quienes no la conocen, se trata de un asesino a sueldo (Léon) que ayuda a su vecina de 12 años (Mathilda) a escapar de policías corruptos, que anteriormente mataron a toda su familia.

Resultó que, en esos momentos, me podía fundir con Mathilda. Yo era Mathilda: era frágil, soñaba con salir de donde estaba, y me sentía, digamos, sin rumbo. La figura protectora de Léon, por el contrario, no había aparecido en mi vida. Y desde esa película, empecé a soñar con algo que se asemejara a él.

Es extraño darme cuenta de esto. Un personaje de un filme fue mi figura paterna. Creo que el hecho que, al fin y al cabo, él también se haya metamorfoseado y descubra una alegría en vivir con Mathilda, lo volvía más realista. Más posible de ser verdad.
Tengo la película en un DVD. La veo cada vez que puedo. No dudo que, viéndola, la historia me trae a tierra. Me recuerda lo vivido. Y me da unas fuerzas inmensas de continuar. Me da esperanza.










maria dijo
Adoro esa película, está sin duda entre mis favoritas... y la relación que hay entre Leon y Mathilda es maravillosa.
Un besito.
13 Septiembre 2006 | 06:58 PM