Comprando fosforos... (no voy a matar a nadie, Delfi)
Hace exactamente una semana, mi profesor de creación literaria dijo algo que seguro han escuchado antes, por los comentarios de mis amigos, pero fue la primera vez para mi. El dijo que nuestras vidas eran paralelas a la historia contada por nuestros cuentos infantiles favoritos.
El mío es "La niña de los fósforos", de Hans Christian Andersen. Se trata de una niña pobre que, en Nochebuena, es forzada a vender fósforos en pleno invierno. No vende nada, prende un fósforo y ve una gran cena, en otro ve un nacimiento lleno de regalos, y en el tercero ve a su abuela, la única que la quiso. Por seguirla se acaba todos los fósforos y se congela.
Bueno. No puedo decir que he sufrido de explotación laboral cuando niña, así que lo tomaré de la forma menos literal. El invierno seria un ambiente hostil, eso aplica. El vender en la calle seria sacrificio, sufrimiento. Me identifico con el hecho de ser usada. Con el de no tener plata, también. Hasta con el de quedarse vagando en la calle mientras me congelo toda, aunque sucediera por estar ebria de vodka, no por ser mendiga.
La abuela? No creo que la imagen sea, como alguien me dijo, la persona mas amada. Creo que se refiere a aquello que mas deseamos. Aquello por lo cual daríamos la vida. Cuando uno se entrega a ello de cuerpo y alma, no hay marcha atrás. Lo material, lo momentáneo no importa mas. Cuando uno encuentra algo que te mantiene viva, no hay lugar para otra cosa.
En fin, ésa es mi interpretación. Me pareció curioso que mi madre me dijera que también era su cuento favorito. Tal vez las dos tenemos complejo de mártir. Si, tal vez; me respondió.









