La hiedra se retira
Hace unos buenos días que no podía escribir nada. Me sentaba frente a la computadora, y no era mi historia. Me explico. Cuando escribo, las historias en mi cabeza pasan a tomar el control de mi cuerpo. Ya no soy yo trasladando estas ideas a lo tangible, sino son los personajes, los lugares, la trama en si. Si ellos pelean, yo peleo. Si ellos lloran, yo lloro. Si ellos ríen, yo río. Me transformo literalmente, respiro otro aire cuando creo un cuento, una novela, una canción, lo que sea.
Esto me paso hace unas horas.
La historia me pide que pare, y me vaya a dormir. Yo obedezco, luego de unas buena cantidad de paginas escritas y de varios flashes sobre como se desarrollaran mis personajes. Uno de los flashes se relaciona con una imagen de mi misma, en un momento de euforia durante el cual publiqué un post un poco incoherente. En fin, mientras escribía busqué una foto muy atesorada por mi.

Mirame, por favor. Extraño ese ligero bronceado, especialmente porque en Lima es invierno nublado y gris, y odio verme pálida. Extraño esos aretes, el izquierdo se cayó en un vagón de metro y me di cuenta demasiado tarde. Extraño ese apartamento en São Paulo. No extraño tanto esos lentes. Pero si extraño mi color de pelo. Adoraba mi pelo naranja, y rojo, y rubio, y negro, y Dios sabe qué mas colores habían en esa maraña de cabellos. Pero me sentía increíble, me sentía... liberada.
Ahora, con el pelo negrisimo a mas no poder, dos años mas, y viviendo en Lima, pretendo mantener viva la misma euforia que sentí aquel día. Ese día estaba llena de esperanza, pensaba que mi futuro solamente me traería cosas buenas y que lo había sobrevivido todo. Ahora, después de constatar que mi futuro soñado se volvió una pesadilla y que jamas se sabe qué pruebas te puede traer la vida, aun continuo teniendo esperanza. Porque mi futuro estaba, y esta, en mis manos, y de mi depende tener uno que valga la pena. Sigo sintiéndome feliz por respirar, y por existir. Pero ahora puedo añadir algo mas a la lista: estoy feliz por crear, y que ese legado me sobrevivira, y tomara vida propia.
Así que, en conclusión, mi novela tendrá algún momento de euforia. Ojala no sea un momento muy breve, la historia esta convirtiéndose en una montaña rusa emocional que no puedo controlar. Solamente me dejo llevar... porque vale la pena. Claro que lo vale.









