Energia
Ah, estoy algo mareada por tantas cosas hechas y por hacer... me duelen los pies un poco, es un dolor rico. Un recordatorio de todo lo vivido en esta semana.
Mis clases van cada vez mejor. Me estoy centrando poco a poco en mis puntos de interés, y hay la posibilidad de colaborar en un seminario de estudios. Ojalá. Ya dejé de ser la autista del salón y he conocido a gente buena onda.
Además, hubo un mini-reencuentro con amigas de hace poco-mucho, lo cual me trae feliz.
He vuelto a escribir, con fuerza. En serio, estaba en la biblioteca y en un momento vino una parte algo tensa, mi ceño se fruncía y quería gemir de dolor pero como debía guardar silencio, hacia estos murmullos raros... el guardia miro hacia mi dirección extrañado. Todo bien, salio lo que debía de salir en la hoja y eso es lo importante.
Me inscribí en el taller de dramaturgia de la Casa Espacio Libre. Me encanto el local, pero debo decir que estoy un poquito intimidada. Hoy iré a ver la obra de teatro que escribió mi futura profesora, y si venzo el roche, la conoceré. ¿Ya dije que estoy nerviosa?
Sino también cambio algo dentro de mi casa: ahora por los horarios de clases y porque cuando estoy aquí no hay nadie, estoy cocinando para mi solita. Dentro de todo, esto me recuerda a los tiempos en los que vivía sola y leía en los cafés, en las mesas para uno; cuando iba al supermercado y dividía la cantidad de las recetas entre 8; cuando me tiraba en la cama escuchando música con el volumen a reventar y al mismo tiempo me hacia la manicura sin nadie quien me interrumpiese. La calma ha retornado.
Ahora bien, estoy cumpliendo una promesa de año nuevo: cuidar mi salud. Estoy cocinando sano, camino en vez de tomar micro (esto me duele más, adoro los micros), y ayer tuve mi primera clase de danzas afro-caribeñas. Nos toco merengue y un poco de samba. Salimos con una energía increíble del salón, queriendo continuar bailando: Nos fuimos con otras chicas entonces a espiar la clase de salsa, calificamos a los mejores bailarines, a los que parecían más achorados, improvisamos unos pasos... fue lo máximo. Quizás es porque he estado tan oxidada, pero ahora quiero hacer danza todos los días.
Solo algo amenaza arruinarme la energía: mi laptop parece tener una falla en el disco duro y hasta ahora no la puedo usar. Me estoy asustando un poco, la verdad. Veremos hoy en la tarde, que viene el técnico. Hasta ese entonces, los dejo con la canción con la que ensayamos una y otra vez e hizo gritar a la instructora "¡que se vaya, que se vaya!"









