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Estoy dejando este espacio descuidado, verdad? No tener compu no ayuda. Tampoco tener un millón de cosas que hacer, asistir a clases y actividades repartidas por toda Lima y, por ende, pasar muchas horas en los micros malograndome los riñones con los baches de la pista y memorizando las ultimas cumbias. Bueno, esa última parte no es tan mala. El punto es que llego molida a casa y solamente atino a dormir.
Parece que me quejo constantemente de la misma cosa, pero no es queja. Es que así es mi vida ahora, y me encanta. Estoy fascinada con lo que voy descubriendo cada día, sobre los demás y sobre mí misma. Todo es nuevo, sabes? Todo florece.
En estos días me he reencontrado con algunos amigos, y todos coincidieron en mencionar un punto muy interesante. La idea de renovarse, de ser alguien nuevo te da una zozobra necesaria para sentir que puedes controlar mucho y poco a la vez. Mucho, porque cambias quién eres ante el resto, te mudas, trabajas en otro lado, te pintas el pelo, eres otra. Poco, porque no puedes cambiar el mundo a tu antojo y las cosas que parecían seguras dejan de serlo.
Anoche fue la iniciacion a los nuevos alumnos de mi facultad. El resultado inmediato fue mucho alcohol, tripas revueltas, un moreton espantoso en el brazo y fotos más espantosas aún, cuya publicación en Facebook no se hará esperar. Me divertí, y me hizo acordar a la primera vez que llegué a mi universidad por 4 años, alla por otras tierras. A pesar de todo, extraño el ambiente de alegría y sorpresa de setiembre: conversar durante horas y horas alrededor de un café con gente radicalmente opuesta a ti, aprender nuevas formas de maldecir, cantar de madrugada por callecitas traicioneras... sentir la libertad del comienzo.
Es muy esperanzador, dentro de todo, no? Hoy voy al teatro y espero dormir un poco, aunque la verdad creo que no dormiré nada. En vez de ello, horas y horas de conversación alrededor de una cerveza me caerian bien.









