Espectro
¿Por qué las cosas más difíciles son las que menores palabras necesitan para explicarse? Tuve una recaída. Ajá, sobre eso. Fue hace un par de semanas. Desde ese momento ha estado luchando secretamente por no entrar en el círculo de antes. Ya sabes, maltratarme. Maltratar a otros.
A veces me he puesto muy ansiosa y no sabía qué hacer. Mi instinto me decía que me fuera a caminar, que escribiese. Pero lo que terminaba haciendo era sentarme en la sala y esperar. Esperar a la calma dulce después de un ataque. Y esa espera se hacía interminable.
No me urgía contarlo. Creo que, dentro de todo, es lo mejor para mí. Verlo escrito. Es una manera de asumir lo que a veces me ocurre. De cierta manera, así puedo registrar la evolución de este asunto tan espinoso. Me ayuda.
Esta semana he escrito un poco. Más bien, he analizado lo que ya tenía y tengo anotados los puntos a corregir. En la obra de teatro también. Es más simple, es decir, ya saber puntualmente qué me falta y en qué debo trabajar. Ya no voy a tientas. Es una alegoría de mi relación con, bueno, ni siquiera quiero decirlo. Ahora sé cuando soy frágil, y cómo trabajarlo.
Con el tiempo, quizá sea más fácil. Aunque no sea el caso, debo probarme que puedo resistir. Que yo lo domino, eso no me domina a mí.









