Gritos
Me dan miedo los conejos. No los de verdad... Ya he hablado de ello. No me gustan.
¿Y qué es lo que me encuentro al abrir la ventana de internet?

No me importa que sea Tim Burton, no voy a ver esa peli, no quiero hundirme en mi butaca como la última vez, noooooo
Bueno, ya que he saldado ese tema, pasemos a otro tipo de gritos. Por ejemplo, el permanente grito de desesperación que se repite en mi cabeza una y otra vez porque, persona que me lees, estoy en la última semana de clases y tengo trabajos que presentar, uno el jueves. Tengo fichas de lectura que redactar, estudiar etnografías, escribir adelantos de trabajos de investigación, hacer murales para un evento, terminar mi segunda obra de teatro, quizá dormir, y lavar la vajilla porque justo ahora despedimos a la empleada.
Ja. Ja. Ja.
Imagina, por favor, el grito en mi cabeza. Es algo así como cuando Bjork grita por las puras en los conciertos en vivo. No, no pondré el video porque aunque lo encontré ahorita me asusta un toque.
Más me gustan los gritos que doy. Ayer y hoy (lunes) no he salido de mi casa. Las razones ya las enumeré. Y como me quedo solita, me permito alucinar que estoy en una rave y suelto un “when love takes ovaaaaaahhh”
No es lindo, persona que me lees, no es lindo. No he dormido bien, ok? No me pidas coherencia a estas alturas del partido.
Debo ir a imprimir 1763 páginas e imágenes para mi mural, y luego avanzar con las fichas de lectura. No me desees suerte, invítame un café. Porfa.









